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LOCALES PAN PRESS

 

 

 

 

Comentario sobre un libro interesante

 

 

 

Por Elsi Angulo (Gaby Márquez)

 

He leído con atención el libro “Moros en la costa”.  Vivencia afrocolombiana en la cultura colectiva, editorial Docentes Editores, del escritor colombiano Alberto Angulo.  Este importante texto, no es una de esas publicaciones aplaudidas por la publicidad y el comercio, ni bautizado por los críticos e intelectuales etnocentristas, pero me siento privilegiada al haberlo disfrutado. Satisfecha e identificada con la temática y las concepciones del autor, las cuales, estoy convencida, superan el simple deseo de dar cátedra. Veo a un hombre comprometido con la noble y justa causa afrocolombiana, sentida desde su corazón, lo cual lo convierte en un valeroso cimarrón digno de toda mi consideración, respeto y aprecio.

 

Desde la reseña histórica del hombre negro hasta aquellos capítulos que refieren a la herencia negroafricana a la cultura colombiana que se hace en el libro, constituyen sin lugar a duda fuente de valiosa información desde el punto de vista histórico. Resulta vital la recreación de la situación del hombre negro a través de la historia, para así poder entender las variantes de esas relaciones sociales en las que se ha desenvuelto el hombre a nivel mundial. Esa memoria que del pasado se hace para lograr la correcta fotografía del futuro desafiante que compromete a los hombres de ébano- seres perdidos por la conveniente confusión creada por quienes los humillaron a lo largo de la historia. Ese futuro, ese mañana, sin lugar a dudas, se vislumbra victorioso, lleno de esperanza y honor como premio a la lucha espiritual y de amor que sin descanso debe hacer cada uno de los afrocolombianos. El pasado se recuerda para que la sociedad colombiana, esa de origen chibcha, muisca, etc., reconozca que existe racismo. Solo así podremos dar pasos hacia delante sobre la base de la honestidad y el compromiso de no repetir los hechos vergonzosos del pasado y el presente. Cuando los seres humanos o las naciones reconocen sus errores, empiezan a salir del primitivismo y la barbaridad.

 

 Esos capítulos, entonces, nos dicen que el hombre negro tuvo y tiene espiritualidad desde cuando apareció en el mundo, sea en la Madre África o donde quiera que se encuentre. Justamente ese valor de la espiritualidad es el que le permitió y le permitirá superar la infamia, haciéndolo superior y comprometiéndolo culturalmente con su entorno. Estos capítulos confirman que el hombre negro (y me refiero especialmente al afrocolombiano) de lo único que debe sentir vergüenza es de no hacer su lucha cada día desechando el blanqueamiento mental y la indignidad. El futuro promete y se enorgullecerán los antepasados y nuestros hijos, nietos y toda la descendencia, amen. Se evitará que se continué negando las posibilidades de vida digna a las personas afrocolombianas.

 

Doy elevado valor a aquellos capítulos que hablan sobre el hombre negro y la cultura del fútbol, de la misma forma como el autor lo hace a lo largo de su escritura. Creo no equivocarme en que los aportes y las posturas del escritor, han permitido sino finalizar la agresión que los periodistas deportivos hacen a nuestros atletas de raza negra, se ha logrado que los latigazos verbales no sigan pasando inadvertidos en la impunidad y la indiferencia. Son muchos los ciudadanos de bien que no desean ser cómplices de mas atropellos. Esas agresiones que hacen los “doctores” de la labor periodística del deporte están siendo gravados en las cámaras y micrófonos de la vergüenza ciudadana que los debe mostrar como verdugos de los hombres que con su físico, inteligencias, espiritualidad y talento le dan alegría a  todo un país. Colombia es un suelo invadido por la miseria, la corrupción y la rapiña política, la violencia y la desgracia de la discriminación, realidad que necesita ser sublimada con la distracción que proporciona el deporte. La actuación de esos medios masivos de comunicación no puede continuar impune y cada día habrán mas personas  y organizaciones   nacionales e internacionales como la ONU, comprometidas para  rechazar y solicitar  condena moral y legal a esos que deberían ser ejemplo de tolerancia, respeto y referencia de unión de los Colombianos.

 

Gracias a este libro he podido tener la prueba que sustenta algunos de mis pensamientos relacionados con la temática de los deportistas negros en Colombia que de alguna manera estoy planteando en mi próximo libro. Moros en la costa, hace una amplia recopilación de los dichos que utilizan los “intelectuales”periodistas del deporte. Soy sincera en afirmar que no creí que estos personajes fueran tan perversamente crueles y que los colombianos sigan permitiéndoles entrar a sus casas y vidas cuando los escuchan y leen a través de sus radios, televisores y medios escritos. Me remito a la página 285 del libro, que dice lo siguiente:

 

El periodista de RCN, Carlos Antonio Vélez-en el Programa La FM, del 13 de abril de 1998-hablando del futbolista Léider preciado dijo al aire: “…Es gente, es un negrito gente, me entiende? Y los buena gente- aparte de eso trabajadores y goleadores- bienvenidos a cualquier parte…”.

 

Cuanto hubiera querido tener al frente al “doctor” del fútbol para decirle  que hasta donde sé todos los negros son gente, así como lo son los mestizos-quienes son la gran mayoría de colombianos, en  donde se encuentran quienes son trabajadores y quienes por no serlo no dejan de ser seres humanos y nuestros compatriotas. Lo que nos ha faltado es tener un futbolista con coraje que le cante la tabla al “doctor” Vélez y a tantos otros que alaban a los deportistas afrocolombianos únicamente cuando son “humildes” (desde la perspectiva del mestizo) y meten goles, pues así pueden ellos como comentaristas hacer su trabajo y lograr la comida. ¡Que sería  o en qué trabajaría el “doctor” Vélez si no hubiera fútbol y sin futbolistas como Leyder!.  Podemos disculpar al “doctor” Vélez, quien necesita cátedra, pero no sé si valdría la pena hacerle entender que los negros deben ser bienvenidos a cualquier parte…, si él cree tener el mismo derecho, pues los afrocolombianos con igual razón.

 

El mismo “doctor” Vélez, se refirió a un boxeador africano que se negó a pelear en Colombia, dijo al aire: “…mejor que no venga ese sudafricano, ese negro debe comer gente”.  Me pregunto¿ será que el “Doctor” Vélez tiene entre sus aficiones esa de comer seres humanos?.Estoy segura que, si no se los come, sí los mata moralmente con esas agresiones que lanza contra nuestros deportistas y que reflejan sus prejuicios raciales. A los afrocolombianos no solo nos ven como seres exóticos-afrodisíacos, de acuerdo a la tara de quienes discriminan, sino que tenemos que seguir agachando la cabeza cuando “doctores” como Vélez  hablan de nuestros atletas. Repito, al    doctor” Vélez, se le puede disculpar lo imperdonable porque seguramente él no conoce la grandeza de Dios y porque a pesar de saber tanto de fútbol dudo que tenga la medida correcta del verdadero color del balón, pero lo que no se puede seguir admitiendo es que en el inconsciente del colombiano, se continué minimizando y subestimando al hombre de raza negra. El “doctor” Vélez, no entenderá que los afrocolombianos podemos lograr cualquier cosa que nuestra mente y corazón nos indique, gracias a las altas dosis de amor y tolerancia que nos inyectamos cada día.

 

De otra parte, parece ser que no existe ningún medio en Colombia que se escape del mal del racismo, a veces soterrado y otras tan descarado,  que sólo les permite  llamar “negros grandes” a  esos hombres negros como María Isabel Urrutia que  lograron títulos mundiales y el único oro olímpico para nuestra amada patria de Colombia.  Véase entonces, como el señor periodista Mario Alfonso Escobar (“Doctor Mao”) en RCN Cali, dijo “…el negro que no la hace a la entrada, la hace a la salida”.  En la misma cadena radial, el comentarista Gallego Blanco era célebre-hasta hace poco-por su máxima: “…El Deportivo Cali no ha quedado campeón porque tiene mucho negro en sus filas”.

 

No puedo extenderme copiando cada una de las barbaridades de estos medios masivos que el libro señala con toda precisión, entre los cuales están la Revista Semana, el periódico el Tiempo, el Diario Deportivo, los programas de chistes en la televisión colombiana y tantos mas ávidos de carne de prójimo de raza negra. Hay que confiar que si la ley no los condena, lo hará la historia, cuando se reconozca la gallardía y la dignidad con que los afrocolombianos han logrado superar la discriminación, la estigmatización, la crueldad, el irrespeto, y la invisibilidad estatal y social. Pero debe la institucionalidad colombiana a sentirlo de manera honesta y que no ocurra como algunos senadores, representantes, ministros y hasta los presidentes cuando piensan: “Aquí en Colombia no hay racismo, los toleramos y les hemos dado a los negros colombianos el privilegio de vivir al lado nuestro porque ellos no tienen la culpa de tener el defecto de ser negros”. Reacuérdese, de acuerdo al libro en su página 295, que el ex representante a la Cámara Pablo Victoria dijo que “los negros eran una de las peores pestes del país, y que deberían volver al África”. También la ex ministra María Ema Mejía, en su fallido intento por defender a un futbolista negro colombiano de una agresión de la prensa dijo: “…él no tiene la culpa de haber nacido con ese defecto” ¿Cómo se puede pensar que el color de la piel, la etnicidad es un defecto o un delito? Me parece muy curioso que una ex ministra, que ha tenido aspiración a los más altos cargos en el país, haga semejantes afirmaciones.

 

Hago un reconocimiento al libro Moros en la costa, desde su  mensaje-crudo y autentico y a su autor por  contribuir  desde su intelectualidad y espiritualidad para que los resignados, no se sientan peor de lo que ya están, y  se unan para despertar a los propios y extraños y así construir bases sólidas de una paz verdadera.

 

El autor tiene una gran capacidad de recopilación que aún me sorprende como logra meter en su libro toda esa gama de canciones con sentimiento cimarrón desde las ancestrales hasta las contemporáneas. Así mismo tuvo la sensatez de dejarnos un glosario que nos permite aclarar nuestras dudas. De esa manera hasta los propios podemos entender palabras como: Elegua, nañigo Carabalí-con razón… el “Palomo” Usuriaga fue realmente un verdadero Nañingo Carabalí, y tantos otros Orishas como el “Tino” Asprilla. Este tipo de libros deberían estar en las librerías de los colegios afrocolombianos, incluidos esos en Tumaco (puerto donde vio la luz el autor del libro). Por supuesto  que lo ideal es que este libro sea leído no únicamente por los afros, sino por cada uno de los descendientes de los Chibchas, los Emberas, Los Taironas, Los Quillacingas, Pastos, Iscuandés, Tumas ,Telembíes, etc.-los colombianos-, para entender que los afros no somos victimas irredentas que pretendemos beneficios inmerecidos, mas sí ser tratados con igualdad y respeto.

 

Felicitaciones a mi paisano tumaqueño y hermano espiritual Alberto Angulo, a propósito, el apellido de Alberto y el mío son producto de la coincidencia. Alberto que los dioses nuestros, los africanos, te bendigan siempre y  pa’ lante. Los cimarrones como usted, le permiten a la comunidad afrcolombiana seguir en su sendero de vida digna. Espero un nuevo libro. Y recuerde que a sus egoístas y envidiosos detractores no hay que pararles bolas. Hay que seguir escribiendo, mal o bien, pero en la lucha porque su compromiso es con sus ideales y con su gente.

 

Repito, estoy contenta de haber pasado por la Librería Lerner, allí en Bogotá y haber comprado el libro de Alberto Angulo, y también Changó, el  Gran Putas, del maestro Manuel Zapata Olivilla, Las Comunidades Negras de Colombia, pasado, presente y futuro, de Juan de Dios Mosquera y Las estrellas son negras, de Arnoldo Palacios, bueno este, me lo regalo alguien muy interesante. Ya quisiera tener una vida más desocupada-más deliciosa- para leer más libros… y aprender a escribir.  De cualquier manera, si el tiempo me lo permite trasladaré este mismo documento al inglés y se lo pasaré a unos periodistas africanos que viven aquí en Canadá, ellos se sienten felices cuando conocen de gladiadores negros como Alberto Angulo, y les hacen reseñas en sus periódicos, son generosos esos africanos.

 

Mil felicitaciones y abrazos cimarrones para Alberto Angulo.

 Elsi Angulo (Gaby Márquez)

 Canadá 2008

 

 

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