Aprovechar la crisis

Federico Mayor Zaragoza
No es
sólo un inmenso andamiaje económico lo que se
desmorona, sino una concepción del poder, de sus
bases ideológicas. Es necesario tener en cuenta
todas las dimensiones de este derrumbe para
reconstruir con otros materiales. Y, sobre todo,
reponer en el eje mismo de la acción pública los
principios democráticos que, en un error
histórico, se sustituyeron indebidamente por las
leyes del mercado.
Aprovechar
las crisis para el cambio de rumbo y de destino:
que no desoigan ni ridiculicen las propuestas de
cambio los mismos que desoyeron y ridiculizaron
las recomendaciones que les hacíamos, desde
principios de la década de los noventa,
convencidos de que un sistema económico guiado
por los intereses mercantiles en lugar de por la
justicia está abocado al desastre. Ahora que no
juzguen quienes deberían ser juzgados. Han sido
“rescatados” por el Estado y quedan
desautorizados para opinar.
Es una
crisis del capitalismo y no en el capitalismo,
como pretenden los más fervientes defensores de
la economía de mercado. Conviene no volver a un
“nuevo capitalismo”, sino promover un nuevo
sistema económico mundial regulado por
instituciones integradas en unas Naciones Unidas
completamente reformadas, quizás refundadas,
para actuar eficazmente y aplicar a los
transgresores todo el peso de la ley.
Se ha
hablado últimamente de la necesidad de reformar
el FMI, cuando lo que hay que reformar es el
sistema de Naciones Unidas en su conjunto,
empezando por la inclusión en el mismo del FMI y
el Banco Mundial, así como de la Organización
Mundial del Comercio, para que se reafirme en su
misión inicial, nunca cumplida: “Evitar la
guerra”, es decir, construir la paz, en favor de
las “generaciones venideras”.
Sólo con
una autoridad supranacional adecuada podrá tener
lugar la regulación de los mercados. Y la
eliminación inmediata de los paraísos fiscales,
con los que los tráficos de drogas, armas,
patentes, capitales y personas podrán también
desaparecer.
A escala
internacional:
- Se
dispondrá de los fondos necesarios para procurar
la alimentación a escala mundial y la lucha
contra el sida.
- Se
activarán también los Objetivos del Milenio,
acompañadas de la cancelación de la deuda
externa.
- Se
convocará rápidamente una cumbre de las Naciones
Unidas en las que no se escatimen, como se hizo
en el año 2005, los fondos destinados a la
erradicación del hambre.
-
Considerar rápidamente la inmediata y ya
propuesta aplicación de fórmulas como las tasas
sobre transacciones de divisas.
- Reducción
del impacto de catástrofes naturales para evitar
los efectos de episodios recurrentes (huracanes,
inundaciones, incendios, etcétera) que siguen
hallando, incluso en los países más
desarrollados tecnológicamente, una falta total
de preparación con una gran vulnerabilidad
social.
- Atención
prioritaria a África, eliminando con apremio la
vergüenza que representa la explotación en el
Congo del coltán (mineral empleado en
ordenadores y telefonía móvil), así como de
situaciones como la de Angola, con tantas
riquezas explotadas, mientras la población
malvive con menos de 2 dólares al día.
Que los
súbditos se transformen en ciudadanos, los
espectadores impasibles en actores, para que
tenga lugar un cambio profundo del fondo y de la
forma en el ejercicio del poder: la gran
transición de una cultura de fuerza e imposición
a una cultura de la paz y de la palabra requiere
educación en todos los grados y durante toda la
vida; el fomento de la creatividad y diversidad
cultural; la promoción de la investigación
científica; de la sanidad para todos.
Las crisis
son una oportunidad de edificar un mundo nuevo,
de volver a situar los principios éticos
universales de la justicia, de la democracia
genuina. No desperdiciemos las oportunidades.
Debemos recordar, todos los días, el sabio aviso
de Sófocles: “Cuando las horas decisivas han
pasado es inútil correr para alcanzarlas”.
Federico Mayor Zaragoza
Presidente
de la Fundación Cultura de Paz y ex Director
General de la UNESCO