LOS DILEMAS
DEL GENERAL

Al
tiempo que la caótica economía cubana
empeora debido al azote de los huracanes
Gustav y Ike, la situación política se
deteriora sustancialmente. El margen de
maniobra del gobierno se ha constreñido, al
disminuir su crédito político por aumentar a
niveles nunca vistos el disgusto popular.
El discurso de Raúl Casto el 26 de
julio pasado constituyó un duro golpe a las
aspiraciones de cambio generadas con su
intervención el año anterior, por el
regreso a las concepciones tradicionales y
sin mención alguna a los prometidos cambios,
creando una generalizada frustración.
Sensación reforzada por su inexplicable
ausencia pública durante los días
posteriores al desastre provocado por el
azote de los huracanes. Debe tenerse en
cuenta que el pueblo ha soportado casi 20
años de crisis profunda, el llamado Período
Especial, después de haberse perdidos las
subvenciones de la Unión Soviética y los
países de Europa del Este, y que los
cambios anunciados por el General Raúl
Castro no se han ejecutado. El Decreto-Ley
259 para la entrega de tierras en usufructo,
aunque podría arrojar algunos beneficios,
por sus limitaciones y evidentes intenciones
de mantener el rígido control sobre los
campesinos, será difícil que desate los
nudos que han impedido utilizar las grandes
reservas de producción del campo cubano.
A medida que pase el tiempo, el disgusto
podría incrementarse. Hasta
personas muy vinculadas al gobierno han
señalado sus temores en ese sentido. Es el
caso del pintor Kcho, quien en carta
dirigida a Fidel Castro, acerca de la
situación en Isla de la Juventud después del
paso del huracán Gustav, señaló:
"La moral
está alta, pero eso no va a ser eterno.
En los próximos días va a haber que dar
solución a algunas cosas.
Actualmente el territorio es un teatro de
operaciones militares en una tregua, con la
gente todavía alegre porque salvaron sus
vidas, no pensando todavía mucho en la
pérdida de sus pertenencias, tratando de
salvar lo que les quedó, viendo como se
ajustan a esa nueva condición, pero
con el
transcurso de los días la moral de la gente
puede decaer y llegar a la depresión". La
situación seguramente se repite en zonas tan
devastadas, o más, que Isla de la Juventud,
sobre todo en las anteriormente ya más
pobres provincias orientales y en Pinar del
Río. Por ello, no puede descartarse, si no
se toman medidas urgentes, posibles
convulsiones sociales
y la
estampida
hacia Estados Unidos de
personas desesperadas por el hambre y las
necesidades.
Hoy, el General está ante la disyuntiva de
dar pasos efectivos y dejar atrás el
inmovilismo, distanciándose de los factores
que tienen entrampado el proceso de cambios
que con urgencia necesita Cuba. La
situación era crítica antes de los dos
huracanes, actualmente es desesperada. Es
necesario desembarazarse de los prejuicios
que impiden recibir la asistencia
internacional y reconocer que si el gobierno
ha sido incapaz de ayudar a restituir
viviendas perdidas desde 2001, como señala
Kcho en su carta, será imposible enfrentar
la reposición completa o parcial de medio
millón de moradas ahora, además de los
colosales destrozos habidos en la
agricultura y otras áreas determinantes de
la economía. Resulta indispensable construir
puentes con todo aquel que pueda ayudar. En
primer lugar la Unión Europea, la comunidad
cubana en el exterior y los Estados
Unidos. Debe aprovecharse que en ese país ha
surgido una corriente política con
personalidades más realistas hacia La
Habana, e incluso entre los
cubano-americanos surgen numerosas voces con
sentido común e ideas sensatas.
Esta tragedia pudiera hoy servir a la
creación de un frente común de todos los
cubanos de buena voluntad para sacar a Cuba
del marasmo en que se encuentra por encima
de diferencias ideológicas. La grave
situación nacional exige dejar atrás el
pasado y mirar hacia adelante, apartando
agravios e infecundos prejuicios.
Es
necesaria la adopción de cambios que con
urgencia necesita la economía y toda la
sociedad cubana. La entrega en usufructo de
tierras pudiera ser un primer paso para la
liberación de las fuerzas productivas en el
campo, si se dejan a un lado las
limitaciones del Decreto-Ley 259. Asimismo
deben crearse bases legales más amplias para
el trabajo por cuenta propia, y permitir que
los cubanos puedan tener empresas pequeñas y
medianas (PYMES) sobre todo en la esfera de
la construcción.
De
igual modo, teniendo en consideración que la
economía cubana está descapitalizada por
casi 20 años de niveles de inversión
insuficientes hasta para garantizar su
reproducción simple, es indispensable que se
facilite la inversión extranjera en
condiciones de beneficio mutuo.
La situación es muy grave. La desesperación
de los pueblos puede tener efectos muy
negativos. El
estado de indefensión y pérdida de
autoestima y fe en el futuro de los
ciudadanos lesiona la reafirmación
patriótica, con consecuencias imprevisibles
para el destino nacional.
Quien por soberbia y obcecación sea incapaz
de comprenderlo y no actúe como lo demanda
el delicado momento actual será severamente
juzgado por las posteriores generaciones de
cubanos.
Por Óscar Espinosa Chepe
La Habana
