SECCIONES

Portada
Presentación
Locales
Provinciales
Nacionales
Deportes
Internacionales
Editorial
Opinión
Cartas al Director
Sociales
London
Salud
Culturales
Religión
Rubén Darío
Última hora
Turismo
Mercadeo
Variedades

mmm

mm

 

141 ANIVERSARIO DE SU NATALICIO

Y 92 ANIVERSARIO DE SU INMORTALIDAD

 

NICARAGUA

 

Rubén Darío   

       (1867-1916)

Padre del Modernismo.

Príncipe de las letras Castellanas.   

 

A la edad de 49 años falleció Rubén Darío, 

a las 10:15 de la noche del 6 de febrero  de 1916. 

  

Había regresado a la ciudad occidental nicaragüense de León el 7 de enero de 1916 acompañado de su amigo el médico leonés Luis H. DeBayle Pallais. Médicos, amigos lo intervinieron quirúrgicamente el 8 de enero de 1916 sin conseguir mejoría. Es nuevamente operado el 2 de febrero  de 1916; a las siete de la tarde del 6 de febrero  de 1916 comenzó a agonizar y expiró a las 10:15 de la noche. La Universalidad, el Gobierno y la Iglesia le tributaron una serie de homenajes que duran más de una semana y concluyeron con su entierro al pie de la estatua de San Pablo en la Catedral de León el 13 de febrero  de 1916, donde aún reposan bajo la tutela de un esculpido león. 
  

  Su muerte conmovió a la intelectualidad del idioma; en numerosísimos poemas, artículos y discursos se reconoce y exalta la calidad del clásico de la lengua española. Y hoy se conoce de probables negligencias e incapacidad clínica de los facultativos que le atendieron, y se asegura que hasta le hicieron una «punción» casi equivale a una estocada para extraerle un pedazo de hígado. Después injustificadamente le trepanaron el cráneo y le extrajeron el parénquima cerebral (la masa encefálica), con el irresponsable propósito de pesarlo y conocer los gramos de talento del inmortal poeta de Nicaragua. Cualquier médico de pueblo sabe que los tejidos bajan de peso al perderse los signos vitales, pues se deshidratan. En otras palabras, «jugaron» con el cerebro de Rubén. 
  

  El Obispo Simeón Pereira y Castellón le ofició la extrema unción el 10 de enero de 1916. Dicta su testamento el 31 de enero de 1916 declarando heredero universal a su hijo Rubén Darío Sánchez, que reside en España al lado de su madre, la inmortalizada por el panida, doña Francisca Sánchez, una campesina española que le enseñó a cocinar el gallopinto, nacatamales, queso frito y otros manjares nicaragüenses que eran el deleite del genio. Que la llamaba en un poema: «Francisca Sánchez, acompáñame».

 

  Este 18 de enero se cumplieron 139 años del nacimiento del  mayor insigne Poeta de las Américas: Félix Rubén García Sarmiento, conocido mundialmente como Rubén Darío, el más grande en Latinoamérica, si hablamos de la lengua castellana. Darío, quien es con justicia  considerado como el nicaragüense más paradigmático de toda la historia nacional.

 

  Rubén Darío ya sabía leer y escribir a la edad de tres años y conocía todas las reglas de la gramática; a los 8 años, empezó a ser llamado “el poeta niño”, capaz de escribir elegías y salutaciones por encargo, cuartetas y redondillas, publicó su primer poema cuanto tenía 13 años.

 

Desde Darío la poesía ya no llega de España a la América Española, sino que es Darío quien revierte el flujo del idioma español que él reformó y modernizó. Rubén Darío es patriarca de la poesía de habla española A partir de Rubén Darío, es España quien recibe la poesía del inmortal nicaragüense y sus discípulos, desde América mestiza.  

Casa natal de Rubén Darío

 

  Darío, además de ser el poeta más laureado de la lengua española por excelencia, era periodista y sus crónicas fueron sensación, comentadas con inimaginables elogios, por los mejores críticos literarios de la época. Sólo en Buenos Aires, República de Argentina, cuando un  domingo 13 de agosto de 1893, Rubén Darío, Cónsul General de Colombia, descendía del vapor francés Diolibah en el puerto de Buenos Aires, quien daría mucha inspiración a sus escritos. Existen veintiún tomos de escritos periodísticos y fue por el dominio de su sagrada pluma sobre esas páginas, que España le designa  Príncipe de las Letras Castellanas.

  

Darío deslumbra al mundo con sus prosas y poemas. Publicó, además, Prosas profanas. Darío vivió de los honorarios que el diario La Nación de Buenos Aires le pagaba por sus crónicas: 500 francos mensuales, que luego se incrementaron a 650 francos.

  

Antes, estando en Santiago de Chile que fue su primer contacto con el progreso y la metrópoli. Quedó fascinado, y allí público su primer gran libro Azul (1888), esbozo excepcional de su universalidad literaria. Y el gran libro que le dio gloria: “Cantos de vida y esperanza” que no sólo le consagró como jefe indiscutible del Modernismo y de la renovación de la poesía en idioma español, sino que, además, hizo ya evidente que si alguien merecía el cognomento de “Poeta de América”, Darío fue uno de los poetas que viajó más en su tiempo: El Salvador, Chile, Argentina, España, Francia, Estados Unidos, México.

 

   El caso del poema La marcha triunfal, Rubén, en mayo de 1895, estaba internado en el Sanatorio de la isla Martín García (Argentina). Allí recibió el encargo de componer un poema para conmemorar las efemérides de la independencia de ese hermano país. Darío, en proceso de preparación, solía asomarse a la ventana de su cuarto a contemplar el mar. Una noche(del 8 ó 9 de mayo) se puso a escribir. Tardó como tres horas y concluyó agotado, exhausto de su maravilloso parto. Estaba convaleciendo de una grave enfermedad. El 25 de mayo, día de la patria Argentina, Ricardo Jaymes Freire leía el gigantesco poema en el Ateneo bonarense.

 

  El autor de Azul y Cantos de vida y esperanza, por algunos críticos es reconocido como “El poeta indio de América”, sus textos lo confirman en su visión de Mesoamérica y cantos a la raza mestiza.

  

  Cuán agradable es la composición cuasi-bucólica, sencilla y llana, elaborada

en una finca de la campiña salvadoreña, durante su primera estancia en esa

hermana república, que intituló Del Trópico, y se inicia así:

 

DEL TRÓPICO

¡Qué alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz,
los perros ladran, un chico grita
y una muchacha gorda y bonita,
junto a una piedra, muele maíz.

Un mozo trae por un sendero
sus herramientas y su morral:
otro con caites y sin sombrero
busca una vaca con su ternero
para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha,
que de la piedra pasa al fogón,
un sabanero de buena facha,
casi en cuclillas afila el hacha
sobre una orilla del mollejón.

Por las colinas la luz se pierde
bajo el cielo claro y sin fin;
ahí el ganado las hojas muerde,
y hay en los tallos del pasto verde,
escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno corvo y sonoro,
pasa un vaquero, y a plena luz
vienen las vacas y un blanco toro,
con unas manchas color de oro
por la barriga y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate,
me regocija con la ilusión
de una gran taza de chocolate,
que ha de pasarme por el gaznate
con la tostada y el requesón.

 

  De Darío se conocen unas 1,200 poesías. A más de cien años de su aparición, Darío sigue en la puja literaria y los mejores traductores literarios del mundo tratan de interpretar las poesías de Darío, incluyendo el chino. En el servidor de información de la Internet en inglés como Google, se contabilizaban hasta el 26 de diciembre, 1,670.000 referencias a Rubén Darío.

 

 

Rubén Darío

La muerte del poeta

 

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos, 

formen todos un solo haz de energía ecuménica”, 

nos dice Darío en Salutación del Optimista, 

la lírica más excelsa del alma hispanoamericana.

 

CANTO A LA PAZ

«Cantaré la paz sobre todo.

Huya el demonio perverso,

huya el demonio beodo

que incendia en mal el universo;

desaparezcan las furias

que con sangre de los ejércitos

empurpuraron las centurias;

que no más rujan los tigres

marciales, sino de alegría;

y que a la paz se alce un templo

como aquél que, dando ejemplo

insigne, Augusto romano

ordenara elevar un día.

 

El industrioso ciudadano

el ramo de olivo venere;

que tenga sus armas listas,

no para inhumanas conquistas,

más para defender su tierra

donde por la patria se muere.

 

¡Guerra pues, tan sólo a la guerra!

Paz, para que el pensamiento

domine el globo, y vaya luego,

cual bíblico carro de fuego,

de firmamento en firmamento.

Paz para los creadores,

descubridores, inventores,

rebuscadores de verdad;

paz a los poetas de Dios,

paz a los activos y a los

hombres de buena voluntad!...»

 

Nicaragua

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño

tantas rubias bellezas y tropical tesoro,

tanto lago de azures, tanta rosa de oro,

tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.

Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,

la caja de armonía que guarda mi tesoro,

la peana de diamantes del ídolo que adoro

y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.

 

 

 

 

 

Himno a Bolívar

      ¡Gloria al genio! a la faz de la tierra

     de su idea corramos en pos,

     que en su brazo hay ardores de guerra

     y en su frente vislumbre de Dios.

 

     ¡Epopeya! no pinta la estrofa

     del gran héroe la espléndida talla

     que en su airoso corcel de batalla

     es su escudo ¡firmeza y verdad!

 

     Y subiendo la cima del ande,

     asomando el fulgor infinito

     coronado de luz, lanzó un grito

     que resuena doquier: ¡Libertad!

 

 

 

 

 

 

AÑO NUEVO

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
y el Arquero.

   

Marcha triunfal

¡Ya viene el cortejo!

¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.

La espada se anuncia con vivo reflejo;

ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

 

Ya pasa, debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes

los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,

la gloria solemne de los estandartes

llevados por manos robustas de heroicos atletas.

Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros

los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,

los cascos que hieren la tierra,

y los timbaleros

que el paso acompasan con ritmos marciales.

¡Tal pasan los fieros guerreros

debajo los arcos triunfales!

 

Los claros clarines de pronto levantan sus sones,

su canto sonoro,

su cálido coro,

que envuelve en un trueno de oro

la augusta soberbia de los pabellones.

Él dice la lucha, la herida venganza,

las ásperas crines,

los rudos penachos, la pica, la lanza,

la sangre que riega de heroicos carmines

la tierra;

los negros mastines

que azuza la muerte, que rige la guerra.

 

Los áureos sonidos

anuncian el advenimiento

triunfal de la Gloria;

dejando el picacho que guarda sus nidos,

tendiendo sus alas enormes al viento,

los cóndores llegan. ¡Llegó la Victoria!

 

Ya pasa el cortejo

señala el abuelo los héroes al niño:

—ved cómo la barba del viejo

los bucles de oro circunda de armiño—.

Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,

y bajo los pórticos vence sus rostros de rosa;

y la más hermosa

sonríe al más fiero de los vencedores.

¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera

honor al herido y honor a los fieles

soldados que muerte encontraron por mano extranjera!

¡Clarines! ¡Laureles!

 

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,

desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros:

—las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos,

hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros—.

 

Las trompas guerreras resuenan

de voces los aires se llenan...

A aquellas antiguas espadas,

a aquellos ilustres aceros,

que encarnan las glorias pasadas...

¡Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas

y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros;

al que ama la insignia del suelo materno,

al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano

los soles del rojo verano

las nieves y vientos del gélido invierno,

la noche, la escarcha

y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal

saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan

la marcha triunfal...

 

 

100 años del poema A Margarita Debayle.

Este año se celebran los cien años de este bello poema, uno de los más famosos del genio, publicado en el libro “Viaje a Nicaragua e intermezzo tropical”, Paris, 1909.

La inspiración de este poema le llegó un 20 de marzo de 1908, cuando aceptó la invitación de Luis H. Debayle, médico de cabecera de Darío, para disfrutar unas vacaciones en la isla del Cardón, en la bahía de Corinto, junto a su familia. Su musa fue la pequeña hija de su anfitrión, Margarita Debayle Sacasa, quien en ese entonces tenía 5 años.

Esta es la musa de Darío, Margarita Debayle, a los 16 años.

A Margarita Debayle ( 1908)

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad".

Y el rey clama: "No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
Qué locura! Qué capricho!
El Señor se va a enojar".

Y dice ella: "No hubo intento:
yo me fui no sé por qué
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté".

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver".

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí".

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mi vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Detalles del poema A Margarita Debayle: ( 1908)

 

El poema está formado por 86 versos y tiene un tono tierno y musical. El tópico es el mundo fantasioso e imaginativo propio de la niñez.

 

Los personajes: la princesa, el rey y Dios son muy representativos de la aristocracia, una característica marcada en la obra dariana que deja ver el gusto por el refinamiento.

 

Mausoleo de Rubén Darío. Catedral de León. Nicaragua

MÁS POESÍAS DE RUBÉN DARÍO

“No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; 

trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura”.

                                                                                                  Darío

 

 

 Sintonice "Radio Platina" con los últimos éxitos y sus favoritos géneros musicales.  "Radio Platina" es simplemente su compañera fiel en la web, llegando a ustedes 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días del año.  

Don't forget to listen "Radio Platina" with your favorite hits in Latin music.  "Radio Platina" is simply your most faithful friend on the web, coming your way 24 hours a day, 7 days a week, 365 days a year.

Portada

Presentación Locales Provinciales Nacionales Deportes Internacionales

Editorial

opinion

Cartas al Director

Sociales

London

Salud

Culturales

Religión

Rubén Darío Última hora Turismo Mercadeo Variedades  

Prensa Latina   P.O.Box 35097   London, Ontario, Canadá.     N5W -5Z6   Teléfono (519) 659 0782

Correo electrónico: noticias@prensalatina.info

Fundado en 1996 versión impresa.   Todos los derechos Reservados  ©  2006 (All rights reserved ©  2006)