LOCOS POR
MATAR
José Laureano
Ballesteros Blanco
En la hermana república de Colombia hay
en este momento 44 millones 585 mil 506 personas. Pero de este
número hay que restar la vida de un niño de once meses, Luis
Santiago, que fue asesinado por su propio padre, un tal Pelayo. El
autor intelectual de esta triste historia era conocido entre sus
vecinos del pueblo por ser muy enamorado y parrandero. Una de sus
compañeras sentimentales relató que fue agredida física y moralmente
por él y que intentó muchas veces manipular a un hijo nacido de su
relación. “Maltrataba al niño, le decía cosas; le compraba cosas
para ganarse el cariño del hijo y usarlo contra la mamá” contó la
señora.
Ella segura que cuando conoció a Orlando Pelayo, él ya tenía dos
hijas de 6 y 7 años de edad. A raíz de su captura como autor
intelectual y cómplice del asesinato de su nuevo hijo de once meses,
la vida para su otro hijo de 15 años de edad, desde que lo vio en
televisión se convirtió en un calvario. Pero las noticias comienzan
a unir cabos y ahora otra persona acaba de instaurar también una
denuncia contra este hombre porque todo parece indicar que asesinó a
otra mujer y a otro hijo suyo en la carretera del Salto de
Tequendama. “Uno se queda sin palabras ante tanto cinismo”, dijo por
su parte el abuelo del niño asesinado.
El procurador general de la Nación reveló en Caracol Radio que una
de las peores formas de violencia infantil en el país es la sexual.
Cada año en Colombia 30 mil niños son forzados sexualmente, muchas
veces por personas cercanas, e incluso por sus propios padres.
Dijo que por diversas razones, 150 mil niños al año no son
registrados y que 500 mil desconocen quiénes son sus padres porque
fueron abandonados desde muy pequeños. Los altos índices de maltrato
infantil en Colombia se dan por la extrema pobreza e inequidad que
existe.
“De los 16 millones de niños que tenemos en el país, seis millones
viven en la extrema pobreza, y dos millones en la indigencia. Otro
problema grave es la deserción escolar: cada año 750 mil niños dejan
el estudio por física hambre”, denunció el procurador.
En Colombia el 47% de los
niños recibe algún tipo de maltrato. Es una de las formas de
violencia generada por el deterioro de las relaciones psicoafectivas
entre padres e hijos, víctimas de pobreza extrema, desplazamiento
forzado y desarraigo cultural, afirma Hábitat, Cali, agencia de la
ONU que estudia la pedagogía del afecto familiar.
Hace pocos años la Iglesia Católica en Perú investigó los orígenes
de la violencia familiar y social y encontró estos datos:
• Aprendizaje de actitudes y palabras violentas en los medios de
comunicación social, especialmente en la tv: 42%
• Detonantes que llevan a cometer crímenes dentro de la familia:
infidelidad y deterioro de relaciones en la pareja: 45%
• Aceleración de la violencia intrafamiliar: alcoholismo y droga,
sumados a la desnutrición y la pobreza: 43%
• Otras causas originarias de la violencia intrafamiliar: Vacío
espiritual, deficiencia cultural, ignorancia y carencia de formación
profesional mínima, sectas satánicas: 57%
• Alejamiento total de
alguna práctica religiosa cristiana y de los principios morales:
69%.
Ante esta breve descripción de las raíces del gravísimo escándalo
que sacude a Colombia y a otros países latinoamericanos debemos
unirnos en la Oración Solidaria y en el examen de cómo cuidamos la
vida y la educación cristiana de la familia y de nuestros niños y
jóvenes.
Qué grave responsabilidad compete a las autoridades y a los padres
de familia que deben amar y educar a los niños y jóvenes en la
fraternidad, el amor a la vida, el respeto a las leyes de Dios, al
cuidado de todos nuestros semejantes y a la protección de la
naturaleza.
Un padre de familia entrevistado por RCN-TV decía ayer entre
lágrimas: “No entiendo cómo se llegó a esta locura: los niños son
sagrados”.
Al llegar a este punto nos enteramos del asesinato del joven Jesús
Soto, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la
Universidad del Zulia. Esta trágica noticia nos obliga a todos a
ejercer una verdadera solidaridad en defensa de los valores que
hemos mencionado más arriba en este mismo editorial.
¡Que Dios se apiade de
Venezuela!